Letras ENSAYO

CARTA ABIERTA A LEONARDO GARNIER

 

San José, 15 de agosto de 2010

 

Estimado Leonardo Garnier Rímolo

Ministro de Educación

 

De joven tenía la costumbre de leer cada jueves sus columnas “Subversiones”.  Algunas veces compraba La Nación y la mayoría de las veces le pedía a mi mamá que me recortará la “cinta” de su columna, del periódico del trabajo.  Algunas de ellas siguen “engrapadas” a mis agendas viejas.  Incluso, en el año 2005 junto con otros amigos organizamos un foro sobre participación política en el TEC, teniéndole a usted como conferencista invitado.

 Sin embargo, esas columnas suyas parecieran ser sólo parte de esas agendas viejas que aún guardo y nada más.   Cuando hoy  desde las Universidades Públicas demandamos un “mínimo” de presupuesto para poder trabajar, usted ha apoyado un recorte al presupuesto universitario histórico del 4% anual, so pre-texto de la “crisis” fiscal, los “salariazos”, o el “aumento” del “gasto” por estudiante en las Universidades Públicas.

Pero Leonardo, usted mismo nos ha señalado que “Usar como excusa que “el dinero no alcanza”, lo único que significa es que el Gobierno que tiene cosas más importantes en las que gastar esa plata, que la educación no está dentro de sus prioridades. Y esa, es una proclama de ignorancia e irresponsabilidad de magnitudes históricas.” (LN; 24/10/2002) 

Y así, en su cargo de Ministro de Educación, nos podría decir, ¿cuáles son las prioridades de este Gobierno si no es Educación?  Pero bueno, también es cierto que el tema del déficit fiscal agobia las arcas del Estado, pues como usted señalaba en 2005 “no hay chocolate sin impuestos” (LN;17/2005).  Así, le vuelvo a preguntar ¿Qué ha hecho usted Sr. Ministro en 5 años de Gobierno por impulsar una reforma fiscal progresiva que nos permita tener ese chocolate?

Y con los “salariazos”, pues bueno, no sé cuanto sea su salario como catedrático Universitario, pero en mi caso, como en el caso del 80% del personal interino de las Universidades no es más que una pequeña recompensa por creer en la gente y en la educación sin valor mercantil.  Dígame usted, si es un salariazo recibir por un curso con 25 estudiantes en el mejor de los casos, menos de cien mil colones por mes, contando en mis espaldas con publicaciones, maestría y conferencias en el extranjero.  Si de “salariazo” se tratará estaría cobrando el triple en un call center o empresa transnacional.

Del aumento del “gasto” por estudiante habla usted.  Ahí es donde pienso en la ceguera que provoca el poder.  Y le recuerdo de nuevo sus palabras “Los propios Ministros de Hacienda de Iberoamérica, en la cumbre del 2000, afirmaron que postergar estas inversiones (en Educación) “ya no es sólo una falta a la ética, sino un error económico que priva a la sociedad de su principal recurso para adaptarse a la veloz incorporación del progreso técnico en los procesos productivos”.  Pues, sigue diciendo usted: “ la educación se paga sola: el costo de financiar tres años más de educación secundaria es entre seis y ocho veces más bajo que los ingresos adicionales que esas personas podrán ganar, con esa educación, en sus primeros diez años de trabajo. Y estos cálculos no incluyen los beneficios que la sociedad en su conjunto recibe de una mayor y mejor educación, que son muchos más. ¿Cuál inversión puede mostrar una mejor tasa de retorno? (LN; 24/10/2002)  Y entonces Leonardo, cayó usted en las lógicas de los “técnicos del FMI”, al considerar gastos la inversiones que se hagan como país.

Lo cito nuevamente Leonardo ¿Cómo decir que le apostamos al futuro (¿ADELANTE?) y a los jóvenes cuando le regateamos a la educación? Pues, “quien diga que en el país no hay recursos para hacer esa inversión, no sabe nada de economía”. Así Leonardo ¿Por qué no practica Ud. la filosofía del conocimiento público, libre y gratuito que tan convincentemente predica en sus documentos?, ésta perdón es otra de sus citas.

Tome el tiempo Leonardo, no para responderme no hace falta, si no para leer de nuevo sus propios escritos.

Solidariamente

 

 

Francisco Robles Rivera

Profesor Interino UNA-UCR

 

El arte de lo chiva y la literatura no premiada

Los músicos se presentan, dan clases, giran y venden sus productos, los bailarines tienen festivales, colocan funciones, colaboran con el teatro y participan de las ayudas estatales, los pintores hacen exposiciones, tienen marchantes, agentes y galerías que los comercializan. Los actores son contratados y las puestas de teatro venden sus funciones ¿ y los escritores?

Los escritores tienen un premio anual. Eso es todo. Puede que terminen escribiendo guiones para vender, pero si se dedican a la literatura, a lo más que pueden pretender es a ser publicados por alguna editorial que nunca comercializara los libros como debería, estar incluidos en las lecturas educativas, o en el mejor de los casos a ganar el premio de la UNA o el de la ECR o algún otro de bajo presupuesto. Fuera de eso no hay becas para escribir ni soportes estatales para que sean fortalecidos los procesos creativos.

Ser escritora o escritor en Costa Rica sigue siendo  parte de la vieja receta en donde primero se es político, abogado, periodista o rico y viejo que se da el gusto de escribir en los ratos libres.

Pero los escritores y las escritoras, para escribir bien tenemos que vivir, sentir, oler, trabajar la literatura las horas de las horas, para que lo que escribamos sea arte. Verdaderamente arte que prometa mundos nuevos. Lograr tal condición solo es posible como resultado de vivir en un entorno en el que seamos legitimados como oficiosos de un arte serio.

Declarar desierto este año los premios nacionales en cuento y novela ( y aclaro que no tenía obras participando este año), más allá del amiguismo y el nombramiento de jurados débiles curricularmente, es sinónimo del abandono, el desinterés y la ignorancia que se tiene por los escritores nacionales y la historia de los procesos literarios ticos.

Los medios de comunicación tienen su parte al exaltar el culto al espectáculo farandulero, a las modelos, las parrandas, las situaciones morbosas y chavacanas, que venden las borracheras de fulanito, la ignoracia de sutanito y la belleza de la marqueza, cuando deberían vender la historia de su propio pueblo. En medio de todo esto nos educan a que nos aburramos con los discursos cuando emplean más de tres conceptos, porque solo nos interesan las imágenes chivas, la música chiva, los políticos chivas. El cine, lo audiovisual y la pintura chiva.

Por lo tanto la literatura, esa hilera de palabras sentidas y expresadas desde lo más profundo de la mente de quien escribe en silencio, se vuelve algo muy escaso  de valor en el mercado de la industria cultural sino es chiva. Por el momento solo cal y nada de arena para los que escribimos en este país. Y si quieren saber que es chiva, cualquier mae puravida lo sabe.

 

Sobre la Crìtica


Se me ha sugerido recientemente, por parte de varias personas, que haga comentarios críticos sobre ciertas obras literarias de reciente publicación en nuestro país y que han sido objeto de abundantes opiniones de diversa índole en los incontables blogs de literatura y en sitios como Facebook (ya que no así en el ámbito académico, en las revistas especializadas). Se ha dicho también que algunos de los comentarios de literatura que he publicado en este semanario son demasiado “bondadosos”, y que he tratado con excesiva magnanimidad a obras y autores realmente limitados.
Voy a aclarar lo siguiente: este espacio mío no es de crítica. Es un espacio de comentarios, de reseñas y máximo de opiniones. A pesar de que mis estudios me facultan en cierta medida para la labor crítica (aunque no al nivel de un filólogo graduado y con más experiencia), no pretendo hacer crítica. Cuando este servidor de ustedes tenga a bien hacer crítica, no será en este medio, cuyo propósito y características prefiero respetar. Y si he de hacer crítica, será para cumplir con el que, para mí, es el más noble y alto propósito de la crítica: el señalamiento de las virtudes de aquellas obras dignas de señalar. El crítico debe desenterrar lo que está bajo tierra y fuera de la vista, resucitar a quien merezca ser resucitado, y la pala con la que excava es el conjunto de sus herramientas metodológicas, para las cuales debe poseer una formación adecuada.
El problema de Costa Rica (uno entre tantos) es que de la misma forma en que aparentemente hay cuatro millones y medio de expertos en casi todas las disciplinas (llámese fútbol, sociología, política o lo que sea), resulta que hay también algunos cuantos millones de críticos. Y muchos de estos “críticos” prefieren hacer lo contrario de lo que señalé antes, es decir, prefieren enterrar a la gente, y lo que es peor, ¡sin pala! Claro, esto no significa que haya críticos bien armados hasta con tractores y excavadoras que no se dediquen también a sepultar a la gente.
Por mi parte, no logro ver, ni siquiera intuir, cuál es la utilidad o la supuesta necesidad de atacar una obra que no sea de mi agrado. Si me hallo frente a una obra literaria a la que considero mediocre, lo mejor que puedo hacer es ignorarla. Y si, por el contrario, la obra es de mi agrado, y observo que posee atributos dignos de acotar en una reseña, un comentario, o hasta en un artículo de crítica, ¿por qué no hacerlo?
Históricamente, las mejores labores críticas se han encargado de preservar en el tiempo los legados artísticos y hacerlos llegar al público; e incluso han rescatado obras y autores que corrían el peligro de quedar sepultados en el olvido (ejemplos: Edgar Allan Poe, Johann Sebastian Bach, Orson Welles). Los críticos se convierten entonces en vehículo de los artistas, pero luego los artistas se convierten también en vehículo de los críticos, porque los jóvenes académicos y expertos, al investigar la obra de un autor determinado, van a explorar también el trabajo crítico que ya exista sobre dicho autor. Es así como se establece una relación de mutuo beneficio, a pesar de que las relaciones entre críticos y artistas rara vez se caracterizan por la cordialidad.
Por otro lado, ¿qué crítico puede llegar a ser reconocido por atacar una obra que no merece ni siquiera eso? ¿Quién recuerda las obras de los millones de autores mediocres que debe de haber habido en la historia? ¿Y quién recuerda a los críticos que malgastaron su tiempo en ellos? ¿Qué crítico hace una investigación sobre un colega suyo que haya escrito para desaprobar una obra que ni merecía la pena? ¿Cuándo han visto una Antología de la literatura latinoamericana más mediocre? ¿O una Historia de la peor literatura española? ¿O una tesis de grado sobre algún autorcillo de poca monta que a nadie le interesa?
Las cosas caen por su propio peso; una obra de escasa calidad se perderá en la confusión de los tiempos. No importa si en algún momento llega a gozar de algún prestigio que tal vez sea producto de la mercadotecnia; el público la olvidará y la crítica también, y no hará falta que nadie la sepulte. Se sepultará a sí misma, como se si se cobijara con una manta de tierra. Y si alguien trata de exhumarla, lo que obtendrá es un zombi.
Cabe recordar también los numerosos errores cometidos por los que han hecho crítica para desacreditar, atacando obras que al pasar los años se han convertido en clásicos y en referentes. Un error de esta naturaleza (que ya no solo es error, sino además injusticia), es otra buena razón para abstenerse de jugar al crítico. ¿Quién recuerda a los críticos que la emprendieron contra obras y autores que hoy se cuentan entre lo mejor de la historia? Absoluta y afortunadamente nadie.
Por último, creo que los escritores nacionales ya tenemos bastantes problemas que resolver para que además nos pongamos unos contra otros.
Tengan paz.
 

Cuento : Estado de cuenta de Marco Cañizales

Estado de cuenta
MArco Cañizales
http://www.repertorioamericano.org/literatura-publicaciones/2-narrativa/172-estado-de-cuenta.html#josc499

La tarjeta me negó delante del chino, juró no conocerme. El chino me miró con mirada china y acusadora mientras con la mano derecha acercaba el paquete de cigarros hacia su lado y lo alejaba de mí. Hacía un mes que no fumaba y deseaba ese paquete más que nada, pero la tarjeta negó conocerme, dijo um um, apareció una leyenda de retener en la máquina y el chino retuvo también la tarjeta, como si ella pidiese auxilio de mí, su vil secuestrador, su violador y sadomizador. La tarjeta gritaba que me desconocía y que la pusieran a salvo, yo tenía el paquete de cigarros muy lejos, o cerca, pero alejado por las rejas de dedos largos y blancos del chino, con sus ojos rasgados gritándome, no silve, vaya fuela. Yo con mis ojos redondos gritándole, andáte a comer mierda, siempre te compro y me vas a negar los cigarros. Los ojos rasgados se cerraron más,  como el crédito de la tarjeta, y me dijeron, vaya fuela, no silve taljeta. Le menté la madre con mis ojos bien redondeados y salí escupiendo rabia y ansiedad. La nicotina que quedaba en mí tras un mes se sentía derrotada y aniquilada.

La tarjeta me negó, pidió auxilio. Debí haber escuchado con mayor atención las llamadas de amenaza, me llamaron varias veces pero pensé que era una burla, un enjache bravucón del llamante. Exigía dinero, recuerde la fecha límite o nos veremos forzados a retirársela. Pensé que estaba exagerando, que solo era para asustarme y ver si me sacaban algo, pero no mintieron, cumplieron. No pagué y me secuestraron la tarjeta, jamás pensé que el chino estuviese involucrado.

Llegué a casa y recordé el otro secuestro, el de ella, ella que se fue cuando tampoco pude darle dinero para sostenerla, cuando le negué la pantalla plasma, los zapatos nuevos y la ropa nueva, las idas al cine, comer afuera, comer carne todos los días, le negué la televisión por cable, el pago del celular y terminó negándome, desconociéndome cual tarjeta de crédito frente al chino. De eso hacía quince días, de haberlo sabido no dejo de fumar, pero aún así me mantuve fuerte, me mantuve firme en dejar el vicio, al cabo no había dinero para cigarros tampoco.

Pero hoy la recordé y sentí demasiado mi abstinencia de ella, mi cuerpo me la pedía a gritos, exigía a Mauren bajo mi cuerpo, Mauren sobre mi cuerpo, Mauren al costado, Mauren en cualquier posición, exceso de Mauren. Y la recordé cuando saqué el pantalón y, como siempre, no pude distinguir dentro de la casa si era azul o negro para escoger las medias que combinaran, sólo ella sabía reconocerlo bajo la lámpara del cuarto, yo tenía que buscar la luz del sol para estar seguro y ese día estaba nublado y maldita sea, no está Mauren y no puedo ponerme el pantalón, no sé qué color de medias usar. Y si estuviera Mauren me quitaría el pantalón y le haría el amor, pero no está, se fue porque mi jefe, y las ventas, y las comisiones. Y el maldito de García que sí vende, en medio de la jueputa crisis García sí vende y como es que él sí vende y vos no. Entonces me fui por cigarros, porque jueputa, García fuma, y si él fuma, ¿por qué yo no?; pero la tarjeta, y el cabrón del chino. Y yo sin plata, y le grité al jefe, seguro la histeria de no haber fumado, a García le rayé el carro, vine a casa dispuesto también a gritarle a ella que no joda, comida hay, no de reyes, pero hay, lo que no hay ya es ella, no hay Mauren, y sin Mauren no hay pantalones de colores definidos, ni Mauren para quitarme los pantalones y jueputa sal, tampoco hay cigarros porque la tarjeta me niega, como Mauren, como el jefe, como el trabajo, como las ventas. Y no fumo ni cojo.

Me siento en el piso ya sin pantalones, derrotado, busco un estado de cuenta y una foto de Mauren, me los fumo.

 

Poema de escritor joven Daniel Garro inspirado en Haiti

LAS GRANDES OLAS LLEGAN JUNTAS

 de Daniel Garro

Las grandes olas llegan juntas;

en la distancia no se ven tan grandes,

pero lo son;

en la distancia no parece que dolerán,

pero duelen;

cuando te golpean,

no te queda más que aguantar;

cuando el mar decreta que debes irte,

no te queda más que llorar;

cuando el viento el papel te quita de las manos,

no te queda más que dejarlo ir;

cuando el bosque el sendero te quita de los pies,

no te queda más que seguir;

cuando el reloj te dice la hora

y la lluvia te dice el lugar,

no te queda más que partir;

cuando suena el silbato del barco

para empezar a abordar,

no te queda más que subir;

sabes que el viaje será difícil,

porque hay muchas olas,

y las grandes olas llegan juntas;

nunca llegan solas,

y parece que no se acaban nunca,

pero se acaban;

y entonces puedes mirar a tu lado

y volver a respirar;

y cuando sepas lo que se han llevado,

no te queda más que recordar;

hay cosas que parece que no olvidarás nunca,

pero las olvidas,

porque las grandes olas llegan juntas,

y te cambian la vida;

ponen arena sobre la arena;

y marea sobre la marea,

flujo y reflujo de hojas muertas

y vaivén de cartas perdidas;

cuando tienes que llevarle flores

a un peñasco en las aguas,

llévalas y no te demores,

no te quedes en ascuas...

Porque las grandes olas llegan juntas,

y piensas que no te van a arrastrar,

pero te arrastran...

 

 
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