El próximo jueves 10 de noviembre a las 7 pm, en el Instituto de México, el poeta Dennis Avila presenta su libro "La infancia es una película de culto", por lo que compartimos con ustedes una reseña realizada por el escritor hondureño Fabricio Estrada, unos poemas del libro  y más información sobre el autor: 

Sobre el libro 

UN ACTO VOTIVO AL POP

“Un adulto es el padre de sí mismo siendo niño”, decían los antiguos egipcios en una de esas síntesis alucinantes que nos legaron para recordarnos que dentro de nosotros habita un niño eterno del cual siempre seremos responsables. Desde la lejanía de los años nos vamos viendo en nuestras diferentes etapas. Somos padres también del pre-adolescente ya crecido e ingenuo que intenta cruzar al área de juego sin éxito. Seríamos capaces de darlo todo por llegar hacia él y abrazarlo, decirle que su cuerpo ya define otros espacios pero que nunca deje de intentar ese cruce hacia las fronteras que se alejan con cada paso que damos; los límites de la infancia serán siempre las atalayas desde donde vemos un reino intacto.

Dennis Ávila nos entrega un salvoconducto hacia el verdadero mundo del anti-héroe. Leyendo estos poemas es a esa revelación donde llego: un niño, una niña, es el anti-héroe de lo humano y siempre nos salvará del vacío una vez caídos en él, o de la amargura una vez que olvidemos lo que hemos sido en nuestra etapa más sensible. Vendrá el niño o la niña con su capa desplegada, con todo su instrumental de fantasía y sentido práctico, verrà l’infanzia e avrà i tuoi occhi.

Un niño

toma prestadas mis palabras.

A cambio recibo su forma de mirar.

Mirar como si fuera el último juego. De haber sabido que era el último juego, ¿qué hubiéramos sentido? Mirar como si el honor tuviera que ser saldado sobre una partida de canicas, ¿qué honor limpiamos ahora luego de ser humillados una y otra vez? Mirar al fantasma de la abuela sacando los libros del librero, ¿qué secreto seguimos buscando en los libros que nos hereda la noche?

No fue sino hasta mediados del siglo XIX que la infancia comenzó a elevarse como tema en la literatura. Encontramos en Huckleberry Finn de Mark Twain y en Oliver Twist de Charles Dickens una de las primeras muestras donde el niño es protagonista de la aventura y el desamparo, y no solo el receptor de la maravilla de la imaginación, como fue el caso del Pinochio de Carlo Collodi y el Sandokan del también italiano Emilio Salgari. Pero fue el siglo XX donde la literatura, influenciada por los estudios del psicoanálisis de Freud, dio al tema de la infancia un pedestal para mostrar que aquel mundo fugaz estaba también hecho de brutalidad, soledad y desarraigos. Son incontables los ejemplos de ese abordaje que casi se convirtió en el eje central de todas las nostalgias y reclamos, elevándose en todo su dolor en el poema del poeta húngaro Attila Jozsef, Fugaces recuerdos:

…Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos.

¿Acaso no soy digno de jugar otro poco?

¡Frágiles mariposas, venid, volad aquí!

Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo

que tanto anhelé otrora

y cuyas bayonetas supe enderezar

¡Turcos, bóers, venid, rodeadme aquí!

¡Oh, cañoncitos, formad las baterías!

Tan pesaroso está mi corazón... ¡Ay, defendedme!

Dennis retoma esta veta en un diálogo equidistante donde su genealogía familiar es la verdadera oficialidad de un ejército íntimo e invencible, usando para ello, y sin menoscabo de los discursos puramente evocativos de la poesía, los elementos del mundo pop de las caricaturas que fueron compañía y espejo.

Heroínas y héroes

de mi sangre.

En ellos

comenzó mi historia.

Y la historia, asumámoslo, no tiene en nosotros las pretensiones épicas que se exigiría en la voz del poeta. Nuestra generación creció en la plenitud de un siglo televisado del cual Dennis supo extraer valores y anti-valores con nombre y apellidos. Esa vergüenza bien escondida, que suele ser nostalgia entre amigos, aparece aquí en versos que hacen un recuento de aquellos personajes que no fueron Aquiles ni Simón Bolívar, ni Juana de Arco ni Josefa Lastiri, no, fueron los flexibles personajes del cómic que no mueren aún caigan de portentosas alturas y que solo traicionan los horarios de escuela o la reprimenda de una madre que necesita ayuda en la tienda.

Este es un poemario de complicidades en la eterna cofradía de la niñez, un acto votivo pop tan fuerte como el de enterrar en el patio el último soldadito de plástico Made in Taiwan con que jugamos la última vez. En la poesía de Dennis Ávila tenemos, entonces, una hermosa forma de resguardar lo que en verdad hemos sido, sin afectaciones, pero tampoco, bajo ningún modo que su poesía traicione, con puerilidades.

Fabricio Estrada

San Juan, Puerto Rico

 

 

MUTACIÓN

Los poetas no se van:

su destino es un grillo

que raspa las paredes de la noche.

Al abandonar un país

creen dejar su infancia,

y lo que sigue

son pasos de niño sobre el mundo.

Alguien les niega un algodón de azúcar,

y no hay nada más triste

que la luz extinguida de un poeta

veinte años después

frente a un juego mecánico.

Inclinan la balanza

por un lugar en el camino

y cada regreso

es un volver mamífero.

Su maquinaria de hormigas

abre un sendero de hojas.

Los poetas son árboles en fuga

queriendo echar raíces

en un planeta propio.

 

GENERACIÓN MACGYVER

Con trozos de madera

que recogía en el taller de don Noé,

construía juguetes.

Los días navegaban

más allá de lo permitido

y podía pasar horas en el suelo

explorando las leyes

de mi reciclaje interior.

Desarmaba aparatos

para crear mundos y personajes

con plásticos, hules e imanes

donados a la fantasía.

En mis manos germinaban

inventos que me tenían poseído.

Así fue mi década de los ochenta:

un niño dispuesto a armar

su propia película.

 

EL OTRO

El Borges de Cambridge

encuentra

al Borges de Ginebra.

Ambos son cometas

que comparten la mirada

frente a un río.

Uno es viejo y cuenta la historia

como si fuera real;

el otro es joven y responde

como si fuera un sueño.

El Borges de Cambridge

argumenta cosas

que el muchacho cuestiona;

al final le confiesa

que un día quedará ciego

gradualmente

como un lento atardecer de verano.

El joven se despide

sin tocar el rostro

que él tendrá

en cincuenta años.

Solo él sabe

que volverá a Cambridge

cada mañana de su vida,

para exigir al río

que devuelva sus ojos

en la tinta que corre,

eterna,

sobre el agua.

 

 

El poeta 

Dennis Ávila (Tegucigalpa, Honduras, 1981). Poeta y narrador. Ha publicado los libros de poesía Algunos conceptos para entender la ternura (Sexta Vocal, 2005), con segunda edición en El Salvador (Leyes de Fuga, 2005); Quizás de los jamases (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2008), Geometría elemental (Casa de Poesía, 2014) y La infancia es una película de culto (Ediciones Perro Azul, 2016), segunda edición (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016). Obtuvo el Premio Único en el Certamen de Cuento de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (2005) y la Mención Honorífica en el Premio de Narrativa Hibueras (2006). Ha participado en eventos literarios en Centroamérica, Puerto Rico, Cuba, Estados Unidos y España. Su poesía se encuentra seleccionada en las siguientes antologías: Versofónica (20 poetas, 20 frecuencias), Papel de oficio (Cuadernillos de Poesía País Poesible), Chamote (Antología de poetas latinoamericanos), en el segundo tomo de Voces de América Latina (Media Isla Editores) y en el primer volumen de IL FIORE DELLA POESIA LATINOAMERICANA D’OGGI (Raffaelli Editore). Su obra ha sido traducida al portugués, inglés, árabe e italiano. Desde el año 2007 radica en Costa Rica, en donde se desempeña como Director Adjunto y Coordinador Editorial en el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica.

 

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