Rodrigo Soto

Vida de Rodrigo Soto
Tomado de su nueva página: www.mundicia.com

Abrí mis ojos y lancé el primer grito en San José de Costa Rica, en el mes de marzo de 1962

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DAMOCLES Y OTROS POEMAS


DICEN QUE LOS MONOS ERAMOS FELICES


FLORACIONES Y DESFLORACIONES


GINA


MITOMANIAS

MUNDICIA

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Hijo de Bernardo y Leticia; hermano de Quique, Rodolfo y Ana Victoria. De familia liberal en las costumbres y en lo económico venida a menos, mas aún así socialmente privilegiada, pues jamás conocimos privaciones.

Viví mi niñez entre Guatemala y Costa Rica. Anoto esto porque si es cierto, como dice Ernesto Sábato, que “la patria es la infancia”, entonces mi patria es Centroamérica.

Terminé mi educación primaria en la Escuela Juan Rafael Mora –escuela pública–, y luego, durante cuatro años, estudié en el Colegio La Salle, cuando ensayaban en sus aulas una revolución pedagógica ideada por Francisco Gutiérrez que se llamó “Lenguaje Total”. Por decisión propia concluí la secundaria en un colegio nocturno. Esto sucedió el mismo año que los sandinistas derrocaban a Somoza, acontecimiento que marcó mi vida, y creo que la de mi generación, en muchos sentidos.

Durante la pubertad mi mayor afición fue la arqueología, pero luego me sentí atraído por el teatro y la literatura. A finales de la década de los 70 fui miembro de algunos grupos teatrales –particularmente el Teatro Carpa de Alfredo Catania–, y poco después, a inicios de los 80, me inscribí en un taller de dramaturgia que dirigió su hermano, Carlos. A los Catania debo pues mi formación inicial en las artes. Años después, el teatro me condujo a la producción audiovisual.

La Academia y yo nunca hicimos muy buenas migas; sin embargo, de muchacho estudié algo de filosofía en la Universidad de Costa Rica.

A finales de los 80, un grupo de amigos nos reunimos en el no muy sancto Taller de los Lunes, que sesionó en las inmediaciones de la Universidad de Costa Rica en San Pedro de Montes de Oca. Poetas como Oswaldo Sauma, Norberto Salinas, Mario Matarrita, Rodolfo Dada, Juan Antillón y María Montero, entre otros, compartimos cada lunes poesías, comidas y bebidas, y discutimos hasta bien entrada la madrugada de estética y política. Sin embargo, hoy creo que a escribir se aprende conforme se aprende a vivir, es decir, a golpe y porrazo, por ensayo y error, leyendo a los mayores y aventurando poco a poco los propios caminos.

Aunque escribo sobre todo cuentos y novelas, también me ha llegado muy hondo la poesía. El pensamiento me viene condensado y por eso me siento a gusto con los aforismos; sin embargo, en alguna ocasión me he aventurado con ensayos breves y, desde hace varios años, publico con regularidad artículos periodísticos.

Los guiones cinematográficos me enseñaron a escribirlos en la Escuela Internacional de Cine y Televi­sión de San Antonio de los Baños (Cuba), y en la Universidad Autónoma de Madrid. Hasta hoy, la mayor parte de los trabajos audiovisuales que hice fueron realizados para organizaciones dedicadas a la promoción de los derechos humanos y la protección del medio ambiente. Sin embargo también he escrito y dirigido historias de ficción, documentales y biografías para la televisión pública de Costa Rica, y por mi cuenta he producido dos videos de corte experimental.

En Costa Rica me concedieron una vez el Premio Nacional de Cuento, allá por 1983, y en Cuba me designaron en cierta ocasión finalista del Certamen Latinoamericano de Cuento Casa de las Américas (1992.) Algunos de mis cuentos han sido traducidos y otros hacen parte de diversas antologías. De mis trabajos audiovisuales, varios han recibido reconocimientos en la Muestra de Cine y Video Costarricense.

Además de escribir y dirigir videos, para ganarme la vida también trabajo en campos como la producción de materiales educativos, la redacción, revisión y corrección de textos, y la edición de libros.

No tengo hijos pero sí dos sobrinos, algunos buenos amigos y amigas, unas cuantas mañas y aficiones y, últimamente, tengo la suerte de contar con el amor, la solidaridad y la compañía de Alejandra León.

La vida me ha enseñado lo acertado del refrán que dice: “Haz planes si quieres hacer reír a Dios.” Por ello, en general no hago demasiados planes para el futuro. No obstante, hay algunos proyectos incubándose en mi cabeza y otros en los que ya estoy metido de cabeza.

Y creo que por el momento eso es todo.